"Un líder tiene que observarse a sí mismo"

Durante décadas el sistema ha relacionado el liderazgo con el rol de ser jefe, pero en mi práctica de más de 20 años he conocido a muchos jefes que de líderes no tienen nada, y a otros no jefes que de verdad sí son líderes.
Desde mi punto de vista, el líder es aquella persona que quiere ser el protagonista de su vida y deja de ser víctima de las circunstancias. Sabe en lo que es bueno, cuáles son sus talentos, puntos de aprendizaje y desde ahí escoge que es lo que quiere y como se quiere mover en la circunstancia que le toque.
Entonces para sacar el líder que hay en cada uno de nosotros, necesitamos hacer una maestría en auto conocimiento con el objetivo de poder auto gestionarnos, auto controlarnos y poder realmente auto liderarnos.
¡Todos somos líderes! Unos lideres manejan equipos y tienen cargos de responsabilidad otros manejan sus vidas. ¿Nacen o se hacen? Los dos. Uno puede tener ciertas características innatas de liderazgo, sin embargo, el que las tenga o no las tenga no lo exime de que aprenda a moverse, a implementar y a potenciar esas características que lo hacen líder.
Puede que no hayamos actuado desde nuestro propio liderazgo hasta ahora, sin embargo, si tenemos claro que la única constante es el cambio y lo aceptamos como una verdad, pues en la medida en que cambiemos, nos transformaremos, evolucionaremos y creceremos.
¿Un líder motiva? Si también, pero eso no es lo importante, lo importante es que un líder tiene que inspirar, tiene que generar esas ganas de ser mejor a los miembros de su equipo.
¿Cómo inspira un líder? Con el ejemplo, con claridad sobre lo que buscan como equipo, con una escucha verdadera de cada miembro de su equipo, generando historias valiosas para todos, enamorándolos y seduciendo constantemente.
Tenemos que tener claro que liderar no es solo una metodología, va más allá, es una filosofía con la cual decidimos pararnos todo el tiempo, a cada momento y en cada evento con nosotros mismos y ante el mundo, estando al servicio propio y de los demás.
El primero que sugiero es darle mucha importancia a la visión que tiene y el resultado que quiere. Si no sabemos para donde vamos cualquier camino nos puede servir y quizás jamás llegaremos a donde teníamos pensado.
El segundo es observarse (escucharse) a sí mismo, ver qué hábitos y comportamientos le sirven para llegar a donde quiere y, a partir de allí, empezar a recoger lo que no sirve y sacarlo del paso, o incorporar nuevos hábitos.
Observar y detectar que creencias son las que lo mueven, preguntarse si esas creencias lo están potenciando o limitando, una vez que haya detectado esto, cuestionarlas y reforzarlas o replantearlas de ser necesario.
Por último, es tener claro el sentido y propósito de lo que se hace y como esto va a impactar de alguna manera al mundo que lo rodea.
En un mundo que cambia constantemente, la competencia más apetecida por cualquier persona tiene que ser la de ser capaz de desaprender, para volver a aprender, es decir, volvernos constantes aprendices en donde nos gocemos la aventura.